viernes, 16 de septiembre de 2011
Recorte: Fernando Vallespín
Tener la razón no basta
jueves, 25 de agosto de 2011
Recorte: el poeta Tomás Segovia
["Cartas cabales" es el título de una columna periodística que mantuve en
Querido Matías Vegoso:
Estoy de acuerdo en que las discusiones sobre la izquierda y la derecha son cada vez más confusas y escurridizas, pero sospecho que adonde quieres ir a parar, como otras veces, es a que ya no hay izquierda y derecha, sino buenos administradores y malos administradores, eficacia e ineficacia. Y como otras veces, tengo que estar en desacuerdo si lo pones así. Porque izquierda y derecha se distinguen en varios planos y desde diferentes perspectivas. Hay para empezar, dicho burdamente, una diferencia política y una diferencia social. Digo burdamente porque tampoco esa perspectiva es tan simple y clara. Así por ejemplo, el PSOE español en el poder proyecta en la perspectiva política una imagen totalmente distinta que en la perspectiva social, pero en una perspectiva desde fuera del poder, por ejemplo en
Si aceptamos que desde algunas perspectivas, y no precisamente de las más triviales, sigue habiendo una izquierda y una derecha, entonces resulta claro que el argumento de la sustitución de los programas políticos por eficacia administrativa es un argumento de derecha, porque insinúa siempre que la izquierda es necesariamente mala administradora. ¿Recuerdas cuando estaba de moda en nuestros tiempos hablar de “criptocomunistas”? Parecería que hoy tenemos más bien “criptoderechistas”, no sólo gente que disimula deliberadamente su postura reaccionaria, sino también algunos que no se sienten derechistas por aquello de que ya no hay izquierda y derecha. Porque vamos a ver, querido Matías, si en Europa y parte de Latinoamérica la derecha ha estado ganando políticamente, es seguramente por haber convencido al electorado de lo que podríamos llamar dos “criptoargumetos” tan falaz el uno como el otro.
lunes, 20 de diciembre de 2010
ANOTACIONES SOBRE FRANCIS BACON PROVOCADAS POR CORTÁZAR
Hay un eco en Rayuela que no se acababa de definir en mi cabeza y que intuía fundamental. Al leer la alusión a los ‘idola fori’:
Y todo eso tan ridículo y gregario podía ser peor todavía en otros planos, en la meditación siempre amenazada por los idola fori, las palabras que falsean las intuiciones, las petrificaciones simplificantes, los cansancios en que lentamente se va sacando del bolsillo del chaleco la bandera de la rendición. (Cap. 48)
me fui a husmear lo escrito por Francis Bacon y encontré que el Novum Organum es inteligible y trata de combatir todos los prejuicios que hasta entonces habían impedido avanzar el pensamiento. Sabemos que lo logró en lo que se refiere a la investigación científica; sin embargo, no consiguió introducir algo de aquel método en el campo de la comunicación humana.
Me estoy refiriendo, por ejemplo, a los falsos historiadores que tergiversan y logran difundir un pasado manipulado. O aquellos que hacen pasar por lógico lo que a todas luces va contra el más simple razonamiento.
Francis Bacon, que nació el mismo año que Góngora, establece cuatro especies de ‘ídolos’ que enturbian el espíritu humano e impiden su avance:
- Los ‘idola tribus’, que tienen su origen en la misma naturaleza del hombre y en la tribu o género humano.
- Los ‘idola especus’ que tienen su fundamento en la naturaleza de cada individuo.
- Los ‘idola fori’ que provienen de la reunión y de la sociedad de los hombres.
- Los ‘idola teatri’, que no son innatos en nosotros, ni furtivamente introducidos en el espíritu, sino que son las fábulas de los sistemas y los malos métodos de demostración los que nos los imponen.
Más adelante, va focalizando y escribe:
Los más peligrosos de todos los ídolos, son los del foro, que llegan al espíritu por su alianza con el lenguaje. Los hombres creen que su razón manda en las palabras; pero las palabras ejercen a menudo a su vez una influencia poderosa sobre la inteligencia, lo que hace la filosofía y las ciencias sofisticadas y ociosas. El sentido de las palabras es determinado según el alcance de la inteligencia vulgar, y el lenguaje corta la naturaleza por las líneas que dicha inteligencia aprecia con mayor facilidad. Cuando un espíritu más perspicaz o una observación más atenta quieran transportar esas líneas para armonizar mejor con la realidad, dificúltalo el lenguaje; [...]
Leído esto, el comentario de Cortázar es, en mi opinión, de lo más oportuno; hoy, casi cincuenta años después de la publicación de su novela, nuestro mundo ha sido invadido por los ídolos. Las palabras se pulsan como botones mágicos que desencadenan una reacción automática. La verosilimilitud de las frases se sustituye por la difusión y la repetición, que es lo que las sanciona como evidentes.
No hay método en la comunicación entre humanos, no hemos encontrado todavía el método para transmitir que es urgente armonizar mejor con la realidad e identificar, denunciar y abolir las petrificaciones simplificantes.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Brasil con unas gotas de Guatemala, Perú y Chile
Un día se me despertó el deseo de leer algo de literatura brasileña, de la que conocía muy poco. La espoleta saltó durante una conversación con un refinado lector quien, sabiendo mi admiración por Laurence Sterne, me recomendó las Memorias póstumas de Blas Cubas, de Machado de Assis, curiosa novela que empieza con el “óbito del autor” y le permite la rarísima peculiaridad de conjugar el verbo ‘morir’ en la primera persona del singular del pretérito indefinido. Hablando luego del libro con una amiga, me comentó su relación con una alumna brasileña y, por indicación suya, leí Macunaíma, de Mário de Andrade (un disfrute, me encantó), La hora de la estrella de Clarice Lispector, autora nacida en Ucrania, pero criada en Río, que tiene una escritura extraña (tanto que he tenido que hojear el libro para recordarlo y concluyo que merece una segunda lectura); un toque de Jorge Amado: Cacao y ¡cómo no! Gabriela, clavo y canela y, finalmente, a Guimaraes Rosa, que me hipnotizó al meterme en el, para mí, ignorado y monumental sertao, que creo que es el alma de Brasil.
Haciendo un inciso aquí, diré que mis lecturas se complementan con las extraordinarias herramientas que ofrece Internet, porque cuando digo que me metí en el sertao, quiero decir que pude verlo, y pasearlo, con el Google Earth.
Después decidí abrir dos libros de otras geografías próximas que había evitado en su momento, hace muchos años, porque los sabía llenos de violencia: El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, que tenía mitificado y no me pareció superior a Los hombres de maíz (en mi opinión, un relato magistral) y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, una novela asombrosamente sólida para un joven de veintiséis años. De aquella violencia temida solo quedaba una sombra insignificante, debido al correr del tiempo en mi persona y al desarrollo del gusto ‘gore’ en el cine y la literatura que había subido mucho el nivel de resistencia a la exposición de la crueldad.
Y rematando aquel cortísimo recorrido por la extraordinariamente fecunda América del Sur, acabé con Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, un libro gordo y enjundioso; eso que llaman ‘novela coral o polifónica’ (ambas denominaciones, no sé por qué me resultan antipáticas, aunque se ajusten a lo que se pretende definir). Prefiero hablar de mosaico: pequeñas piezas, que individualmente significan algo fragmentado pero en su conjunto construyen una imagen, la del protagonista (me parece que Arturo Belano es un ‘alter ego’, o no tan ‘alter’ del autor). Al final, no sabes si ha quedado definido o se ha escapado, es inaprensible (por otra parte, como cualquier individuo). Cuando acabo de escribir esto me viene a la memoria la imagen de la adivinanza con la que se cierra el relato y me parece haberla resuelto:
¿Qué hay detrás de la ventana?
¡La libertad! (Han arrancado la reja para escaparse).
miércoles, 18 de agosto de 2010
RESCATANDO DEL OLVIDO A ANTONIO ESPINA
Abro uno de los archivos que por una u otra razón guardo para lecturas posteriores, tras alguna búsqueda en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (uno de los mejores proyectos culturales de este país), y veo: Prosa escogida / Antonio Espina. En la Wikipedia (otro de los mejores logros culturales de la red) busco a este hombre: Antonio Espina, nacido en Madrid en 1894, periodista, republicano, depurado, exiliado...
La historia que me sorprende agradabilísimamente es Luis Candelas, el bandido de Madrid: una delicia de ironía, imaginación, gusto y sabiduría literaria. Me produce gran congoja el hecho de que este nombre no me sonara en absoluto; quizá lo haya leído en alguna antología, en algún apunte, pero quedó perdido. He mirado en los catálogos para comprar y regalar, pero no va a ser fácil porque las publicaciones parecen estar agotadas. En fin, compro lo disponible: Pájaro Pinto y Luna de copas, una de las reliquias de editorial Cátedra.
Luis Candelas: he disfrutado con él —más que con sus dos novelas cortas— a ese nivel primario de introducirte en la vida de otro; pero también, y mucho, con la escritura que incorpora recursos que, aun hoy, resultan novedosos. Teniendo en cuenta que Antonio Espina acaba de escribirlo en agosto de 1929, tengo que pensar que aquella espita creativa que se abrió en la década de los veinte quedó taponada: vencida y desarmada, como tantas otras energías.
Aparte de la capacidad para crear neologismos, tiene una ironía depurada, puesta al día. Cuando Luis está a punto de descubrir a su “ángel de amor” en una fiesta donde pasea su aburrimiento, el deslumbramiento se expresa así:
La voluta de humo del cigarro expande caprichosas formas en el aire. Cabelleras de medusas, cendales diáfanos de las Mil y Una. Súbitamente, del surtir de elásticas elipses en pausado, ceremonioso ascenso, emerge la mandrágora. De ella fluye con inicial impulso, ritmos azules, la curva femenina: una pierna, el talle, un brazo que ondulante se pierde y alarga hasta el plafón, cabellos de mies.
El tul se hace espeso, enmarañado.
¡El tul se hace espeso, enmarañado, caótico!
¡¡El tul, alrededor de Luis Candelas, se hace espeso, enmarañado, caótico, irresistible!!
Mas, por último, se abre. Enmarca un óvalo de claridad, de pureza, que poco a poco va abriéndose lenta, gradualmente —lo mismo que (pensamos nosotros) el foco de luz de que ha de brotar la estrella norteamericana en el écran moderno—, hasta que en el centro de él aparece una mujer: Clara María.
¿No hay aquí mucha miga? Recursos poéticos, pictóricos, cinematográficos; una amalgama de sensaciones bien casadas, con un resultado brillante.
Además, nunca se me hubiera ocurrido antes la idea de que el auténtico lord Byron español era Luis Candelas. Tendré que volver sobre el libro porque está lleno de sugerencias, de “elementos nutricios en el ambiente”, por citar una de sus frases simples y afortunadas que me encantaría retener en la memoria, como ese “volteo teologal de campanas”.
Esta manera de enfocar al personaje, dentro del movimiento romántico que se introducía en la sociedad madrileña, conlleva opiniones que trascienden la anécdota del ladrón y conducen a otras consideraciones de mayor calado social y literario. Creo que es el libro que mejor me ha descrito el romanticismo “castizo”.
La edición que al fin he encontrado es del año 96, sexta de una primera del año 41, con lo que supongo que el comentador lo es de esta. Es un ejemplo de citador que comenta lo innecesario y enmudece cuando vendría bien una aclaración.
Un
recordatorio: si no se encuentra el libro, se puede acudir a la nunca suficientemente
alabada Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, con este enlace que lleva
directamente a la obra:
viernes, 9 de octubre de 2009
GÓMEZ DE LA SERNA Y LA SUBLIMACIÓN DE LO COTIDIANO
Paseo los dedos por los estantes de libros y me detengo en Piso bajo, de Ramón Gómez de la Serna, autor en el que hasta ahora no había podido más que picotear porque me resultaba de una distancia sideral. Sin embargo, hoy empiezo a leerlo y a sentir el placer de la comunicación con el papel. Alguno de sus párrafos se me cuela dentro como un bálsamo, con lo necesitada de bálsamos que estoy, que no acabo de sacar la cabeza de mi propio pozo.
Don Pedro se sentía poseído por esa remolonería primitiva que se conserva como un tesoro que olvidó el mundo y que allí, en la plaza del Dos de Mayo, se mantenía en pie, entraba en acción por la mañana cuando el agarramiento de las mandíbulas era más firme, señalando el seguir viviendo y su divertido aburrimiento.
[…]
Le animaba la hora del barrer. Sentía que se renovaba y se depuraba su vida. A lo hecho, pecho, y que la escoba, los plumeros y el trapo se encargasen de llevárselo todo.
[…]
Se paseaba de una habitación a otra, esperando la hora del cogedor, cuando lo amontonado entre el comedor y el despacho se reunía a la puerta de la cocina. Era una cosa litúrgica, una despedida del polvo del cadáver del día, el adiós a su incineración, sorprendido siempre de que pudiese haber tanta caspa en una casa tan poco ajetreada como la suya.
Es un pensamiento espléndido, algo así como el misticismo de la intrascendencia, la importancia de no ser nadie y saberlo. La recolocación de los valores.
sábado, 28 de enero de 2006
ANOTACIONES oportunas de Blanco White
La norma es llamar en la puerta una sola vez y en ningún caso con fuerza, como hacen los vendedores londinenses. A esta llamada contestan desde dentro con un “¿Quién es?”. El visitante responde: “Gente de paz”, que sirve para que le abran la puerta sin más averiguaciones. Los campesinos y mendigos han de gritar desde la puerta: “Ave María purísima”, a los que responden los de adentro: “Sin pecado concebida”. Esta última costumbre no es más que un persistente recuerdo de la violenta controversia teológica que tuvieron hace unos trescientos años los franciscanos y los dominicos sobre si la Virgen María había estado o no sujeta a las penosas consecuencias del pecado original. Los dominicos no querían admitir ninguna excepción al mismo en tanto que los franciscanos defendían ardorosamente la conveniencia de tal privilegio. Los españoles, y muy en particular los sevillanos con su proverbial galantería, se pusieron de parte del honor de Nuestra Señora y abrazaron con tanto entusiasmo esta última opinión que llegaron a convertir el santo y seña de su partido en el saludo que todavía prevalece en Andalucía.Cuando la disputa teológica estaba en plena efervescencia y antes de que el Papa hubiera impuesto silencio a los dominicos, el pueblo sevillano inició la costumbre de reunirse en algunas iglesias para salir en procesión por las calles de la ciudad presididos por un estandarte rematado por una cruz y en el que había una gran pintura de la Purísima. Durante esta procesión cantaban un himno a la Inmaculada Concepción y rezaban en alta voz las cuentas del rosario. Estas procesiones se han venido celebrando hasta nuestros días y constituyen una de las habituales molestias nocturnas de la ciudad.
Aunque los que ahora salen en ellas pertenecen a las clases humildes, todos ellos asumen la importancia característica y el espíritu altanero que distingue a las hermandades religiosas de este país por muy insignificantes que sean. Cada vez que una de estas desarrapadas procesiones se presenta al público ocupa la calle de extremo a extremo obligando a los transeúntes a detenerse y a permanecer en pie y descubiertos en cualquier clase de tiempo hasta que el estandarte haya pasado. Estas desgarbadas y pesadas banderas se llaman en Sevilla simpecados, nombre derivado de la opinión teológica en cuya defensa se alzaron.
El gobierno español bajo el reinado de Carlos III presionó al Papa de la forma más ridícula para que la pureza inmaculada de María fuera incluida entre los dogmas de fe de la Iglesia católica. Sin embargo, la Corte de Roma, con la cautela que siempre ha presidido su política espiritual, se esforzó por evitar un exceso de autoridad que algunos de sus propios teólogos podían poner en tela de juicio, pero con precisión teológica supo encontrar una solución de compromiso fulminando su anatema contra los que tuvieran el atrevimiento de afirmar que la Virgen María había derivado alguna mancha moral de los primeros padres. Más aún, personificando de alguna manera el misterio de la Inmaculada Concepción puso los dominios españoles en Europa y América bajo la influencia protectora de este misterioso evento. Esta declaración fue acogida con enorme alegría en toda la nación y celebrada con fiestas populares en ambas orillas del Atlántico. El rey creó por su parte una Orden a la que honró con el emblema de la Inmaculada Concepción —una mujer vestida de azul y blanco— y promulgó una ley que requería de todos los que pretendieran recibir algún grado académico en la Universidad o ser admitidos en cualquiera de las corporaciones civiles y religiosas que abundan en España, la declaración solemne bajo juramento de su firme creencia en la Inmaculada Concepción. También han de prestar este juramento los artesanos al ser admitidos en su gremio.