Leo en el periódico un artículo que menciona declaraciones de la derecha neofranquista apelando al ‘sentido común’ como aval de sus inmoralidades y me salta a la memoria lo que leí hace un tiempo en Puntos de reflexión, de George Lakoff, un libro muy recomendable publicado en 2008:
La gente utiliza marcos—es decir, estructuras mentales profundamente arraigadas que configuran nuestra comprensión del mundo—para entender los hechos. Los marcos están en nuestros cerebros y definen nuestro sentido común. Es imposible pensar o comunicar sin activar estos marcos. De ahí la importancia de enmarcar, de activar uno u otro marco. Las verdades tienen que enmarcarse para que se vean como verdades. Los hechos necesitan un contexto.
Así que el ‘sentido común’ no puede citarse como una realidad única y universal. No es un órgano biológico que nos venga de fábrica, sino que depende del sistema de valores que manejemos.
Los conservadores de EE UU, afirma Lakoff, se gastan desde hace décadas millones de dólares en ‘think tanks’, expresión que traducida al castellano para que nuestro cerebro procese mejor su significado, sería ‘laboratorios de ideas’ donde trabajan grupos de expertos que estudian y diseñan estrategias para instalar una determinada visión del mundo como realidad indiscutible. Sin duda esta táctica les ha dado unos resultados evidentes, extendiéndose a través de los distintos medios por toda la esfera dominada por el capitalismo.
Por otro lado, el autor apunta una reflexión fundamental que nos puede ayudar a comprender y a comprendernos: hay muchísimas personas que tienen en unos temas una visión progresista y en otros temas conservadora. Son ‘biconceptuales’:
El «centro» biconceptual incluye en realidad a conservadores parciales, a progresistas parciales y a los indecisos (los biconceptuales en ámbitos no políticos de la vida y sin ninguna posición moral que fíje sus puntos de vista políticos). Los conservadores han entendido así el «centro» y han comprendido que los biconceptuales tienen ambas cosmovisiones. Usando el lenguaje conservador, repitiéndolo una y otra vez, han activado el sistema de valores conservador en lo más profundo de la gente, tanto entre sus bases como en los conservadores parciales. También repiten una y otra vez un lenguaje antiprogresista que acaba inhibiendo los valores progresistas.
No hay que negar perspicacia a los diseñadores de laboratorio. Propagan su ideología por medio de eslóganes de gran eficacia, que Lakoff denomina ‘marcos de superficie’, y calan en el terreno abonado machaconamente por los ‘marcos profundos’ conservadores. Y aquí podemos pararnos a considerar el último lanzado en la esfera neofranquista: “prioridad nacional”, frase que no apela al razonamiento sino a la emoción, por lo que es difícil demostrar con lógica la intención perversa que encubre.
Nos educaron en la creencia de que sólo existe un sentido común y que es el mismo para todo el mundo. No es así. Nuestro sentido común está determinado por los marcos que adquirimos inconscientemente, y el sentido común de una persona puede ser para otra una perversa ideología política.