lunes, 12 de mayo de 2014

ANOTACIONES SOBRE EL ABATE DE VOISENON



LOS EJERCICIOS DE DEVOCIÓN....


Por uno de esos saltos mentales a los que llego a través de un rosario de casualidades, me da por coger esta tarde un libro del estante más alto: Los ejercicios de devoción del caballero Enrique Roch con la señora duquesa de Condor, obra escrita en francés por el famoso y libertino Abate de Voisenon, y durante dos horas me sonrío, me asombro, me sale alguna carcajada y disfruto, disfruto con este abate ilustrado, amigo de Voltaire, descreído y vital que escribe, con una elegante desinhibición que para nuestros días quisiéramos, la fórmula para quitarle los desvanecimientos a una devota. La conclusión del proceso resulta ser beneficiosa para la interesada y para la sociedad:

Diremos además que la duquesa quedó para in aeternum curada de desmayos; que al siguiente día su marido volvió del campo, y que a los nueve meses tuvo ella un chiquitín que fue la dicha de las dos familias.


Y lo que todavía necesitamos referir al lector es que en la misma tarde del desenlace de esta historia verídica fue la señora a la comedia del Tartufo;  que viendo esta comedia se le quitó la venda de los ojos: cayó en la cuenta de que su padre confesor era un bribón y un pícaro que, para seducirla fácilmente, la hacía imbécil. De beata insoportable que antes era, se cambió en discreta mujer, muy sociable en su mundo, muy atenta en su casa, muy buena e indulgente con sus criados. Leyó libros profanos y pronto un claro juicio y un espíritu alegre iluminaron su razón atrofiada por las gazmoñerías y la fe cominera.
Dejó la silla que tenía en la iglesia y tomó un palco en el Teatro Francés; no dio más a los curas y a los frailes sumas cuantiosas por decir misas, por refrescar el calor de las ánimas y por encender cirios en pleno día, lo cual, a más de ser un gasto inútil es una cosa en extremo ridícula; pero mandó generosas limosnas a las cárceles de París y a los humildes hospitales; lo que gastaba en mantener a innumerables monjas holgazanas fue gastado en poner farmacias en sus extensas y lejanas tierras para provecho y bien de sus vasallos campesinos.
 
En fin, un gran ejemplo del "enseñar deleitando". ¡Ah, y las Notas edificantes y recreativas del final escritas por un tal Meunier de Querlon, son igualmente sabrosas: intentando aclarar la enrevesada institución celestial, a cuento de una cita a los 'querubines' dice:

[...] Quien quiera conocer a fondo la jerarquía de tales seres, puede leer la obra escrita por un doctor de la Sorbona sobre las alas de los querubines. Esta obra que valió a su autor el sobrenombre de Doctor alado, no se compone más que de nueve volúmenes en folio; es el colmo del genio haber metido tantas cosas, y tan interesantes, y tan útiles, en tan pocos volúmenes.
 
 
Y ahora me pregunto ¿por qué coloqué este libro en el estante más alto? ¿No tendré yo también algún rastro de devoción?



martes, 17 de septiembre de 2013

Recorte: Las intuiciones constatadas

 Hace un par de noches hablaba (por hablar) con una mujer recientemente despedida de su trabajo de este aspecto de la realidad: la máquina, cada vez más perfecta, no libera al hombre sino que lo desplaza y margina. Evidentemente esto es una aberración que no podrá mantenerse por mucho que se resistan los pocos que se benefician de ello. Ambas asentíamos a nuestros mutuos razonamientos, muy intuitivos, claramente básicos, que hoy pueden estructurarse mejor con la lectura de este estupendo artículo:

Las formas de la desigualdad

José María Ruiz Soroa - 17 Sep 2013


Escribía el sociólogo Barrington Moore que la desigualdad ha sido un hecho universal en las sociedades humanas dotadas de escritura. Por ello, lo más interesante de este fenómeno no es tanto su pura constatación, ni siquiera la medición del grado cuantitativo que alcanza, sino el estudio de las formas concretas que adopta la desigualdad en cada sociedad y época concretas, así como los principios que cada cultura utiliza para legitimarlas a los ojos de sus miembros.
Dado que la desigualdad económica ha vuelto a ser un tema de actualidad, resulta conveniente analizar las formas más llamativas que adopta esa desigualdad hoy en día en una sociedad europea como la española. Porque si la desigualdad es una constante, las desigualdades son distintas: si hablamos solo de la primera de una manera genérica corremos el riesgo de recaer en clichés manidos que poco aportan a la comprensión de la realidad, por muy cargados de emoción que estén. Así sucedía hace poco en este diario con un autor que celebraba el redescubrimiento de que en la sociedad existen las clases que Marx estudió en su momento. Un hallazgo de más que dudoso valor.
Aquí queremos contextualizar en su particular diversidad dos de las más llamativas desigualdades económicas que tienen lugar entre nosotros. La primera, la de ese reducido estrato social que acapara una porción de renta descomunal por relación a su tamaño numérico, los que se suelen denominar como “upper-class”, y que en lenguaje más popular son “los ricos”. La segunda, la del amplísimo estrato de los que están excluidos del trabajo suficientemente remunerado, bien por hallarse en paro bien por poseer empleos que no proporcionan un nivel de vida digno.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Recorte: Fernando Vallespín

Leo el oportuno artículo que copio más abajo y pienso que tener la razón supone haber observado la realidad y haber reflexionado. Supone la renuncia a los cuentos que nos contaron y que hacen menos lastimosa una existencia limitada: el sueño de llegar a ser rico e inmortal. El esfuerzo es inmenso si no se conciben valores que puedan reemplazar estas fantasías. Quizá se trate de un enfrentamiento entre utopías: la de la derecha con un poder de seducción similar al del folletín, con siglos de narraciones en las que el golpe de suerte rescata al héroe de su miseria. Es posible que la razón de la sinrazón, el que un trabajador con sueldo precario no se sienta reconocido en los argumentos de la izquierda, sea que no está dispuestos a abandonar su confortable rincón mental donde todo es posible si le toca la lotería.


El texto que sigue es un artículo de Fernando Vallespín, publicado en el periódico "El País"


Tener la razón no basta

FERNANDO VALLESPÍN 16/09/2011



"Los ricos gobiernan un sistema mundial que les permite acumular capital y pagar el menor precio posible por el trabajo. La libertad resultante solo la obtienen ellos. Los muchos no tienen más remedio que trabajar más duro en condiciones cada vez más precarias para enriquecer a los pocos. La política democrática, dirigida al progreso de la mayoría, está realmente a merced de esos banqueros, barones mediáticos y otros magnates que dirigen y poseen todo".
Esta cita no es de un indignado o de un furibundo izquierdista. Aunque no lo parezca, es de un conocido publicista conservador británico, Charles Moore, biógrafo autorizado de Margaret Thatcher, y se contiene en un artículo que apareció el pasado 22 de julio en The Telegraph. El revuelo que originó entre sus propias filas fue de órdago. Piensen que llevaba el provocador título de Estoy empezando a pensar que la izquierda en realidad tiene razón. Y por lo que dice en el artículo, su descripción no difiere gran cosa de la que se haría desde cualquier posición de izquierdas. Otra perla referida a la crisis de la Eurozona: los gobernantes europeos parecen estar "dispuestos a casi cualquier indignidad antes de que se perjudique a los banqueros"; y los trabajadores de diferentes localidades europeas deben perder sus empleos con tal de que "los banqueros en Fráncfort y los burócratas de Bruselas puedan dormir tranquilos".
No es que Moore haya sufrido una súbita conversión izquierdista. Se trata más bien de un lamento por el fracaso del proyecto del conservadurismo en su intento por conseguir mejores condiciones de vida para todos a través del libre mercado. Al final, el resultado de la revolución conservadora ha sido bien distinto de aquel que esperaban sus defensores, y la tradicional crítica de izquierdas ofrecería un reflejo de la situación actual mucho más certero que la derecha, huérfana ya de ideas que sustenten con convicción su proyecto. Lo que pretende es sacar a la derecha de su letargo y autocomplacencia para que sepa contrarrestar los estragos potenciales que puede provocar el escenario de un mundo crecientemente injusto y diseñe un nuevo discurso a la altura de las circunstancias. Y concluye con la esperanza de que, como tantas veces ha ocurrido, el conservadurismo se salve "gracias a la estupidez de la izquierda".

jueves, 25 de agosto de 2011

Recorte: el poeta Tomás Segovia

Querida gente: en mi decadente veraneo (eso es propiamente un 'veraneo': largo, letárgico, decimonónico), tengo unas horas en que leo los periódicos y las redes, me informo y después, de cuando en cuando, rumio la deuda, el Papa o la campaña que se nos viene encima. Muchas veces echo en falta el don de una argumentación eficaz, porque la discusión política me parece fundamental en los momentos turbios. Bien, pues hoy me he tropezado, de carambola, con un poeta español de 84 años (parece esta una etapa del resurgir de la autoridad senatorial) que escribe un blog.
He convertido una de las columnas publicadas en su blog: "Críptico estáis" en un archivo de texto, porque es incómodo leer en renglones tan breves. Me ha parecido un modelo de argumentación para defender el "no son iguales", y como se tiende a creer que lo que nos conmueve tendrá el mismo efecto sobre nuestros amigos, copio y pego el texto en cuestión.



Lo que sigue es copia del texto publicado en el blog de Tomás Segovia http://www.tomassegovia2.blogspot.com/


Cartas Cabales 

["Cartas cabales" es el título de una columna periodística que mantuve en La Jornada de México durante 1994 e intenté reanudar después varias veces. Son cartas a un personaje imaginario, cuyo nombre es un obvio anagrama. Una recopilación parcial que abarca tres años apareció en México en 2010.]


CRÍPTICO ESTÁIS

Querido Matías Vegoso: 
Estoy de acuerdo en que las discusiones sobre la izquierda y la derecha son cada vez más confusas y escurridizas, pero sospecho que adonde quieres ir a parar, como otras veces, es a que ya no hay izquierda y derecha, sino buenos administradores y malos administradores, eficacia e ineficacia. Y como otras veces, tengo que estar en desacuerdo si lo pones así. Porque izquierda y derecha se distinguen en varios planos y desde diferentes perspectivas. Hay para empezar, dicho burdamente, una diferencia política y una diferencia social. Digo burdamente porque tampoco esa perspectiva es tan simple y clara. Así por ejemplo, el PSOE español en el poder proyecta en la perspectiva política una imagen totalmente distinta que en la perspectiva social, pero en una perspectiva desde fuera del poder, por ejemplo en la Francia que ahora se prepara para sus elecciones, el socialismo proyecta una imagen enteramente diferente de esas dos. 

Si aceptamos que desde algunas perspectivas, y no precisamente de las más triviales, sigue habiendo una izquierda y una derecha, entonces resulta claro que el argumento de la sustitución de los programas políticos por eficacia administrativa es un argumento de derecha, porque insinúa siempre que la izquierda es necesariamente mala administradora. ¿Recuerdas cuando estaba de moda en nuestros tiempos hablar de “criptocomunistas”? Parecería que hoy tenemos más bien “criptoderechistas”, no sólo gente que disimula deliberadamente su postura reaccionaria, sino también algunos que no se sienten derechistas por aquello de que ya no hay izquierda y derecha. Porque vamos a ver, querido Matías, si en Europa y parte de Latinoamérica la derecha ha estado ganando políticamente, es seguramente por haber convencido al electorado de lo que podríamos llamar dos “criptoargumetos” tan falaz el uno como el otro. 


lunes, 20 de diciembre de 2010

ANOTACIONES SOBRE FRANCIS BACON PROVOCADAS POR CORTÁZAR

Hay un eco en Rayuela que no se acababa de definir en mi cabeza y que intuía fundamental. Al leer la alusión a los ‘idola fori’:

Y todo eso tan ridículo y gregario podía ser peor todavía en otros planos, en la meditación siempre amenazada por los idola fori, las palabras que falsean las intuiciones, las petrificaciones simplificantes, los cansancios en que lentamente se va sacando del bolsillo del chaleco la bandera de la rendición. (Cap. 48)

me fui a husmear lo escrito por Francis Bacon y encontré que el Novum Organum es inteligible y trata de combatir todos los prejuicios que hasta entonces habían impedido avanzar el pensamiento. Sabemos que lo logró en lo que se refiere a la investigación científica; sin embargo, no consiguió introducir algo de aquel método en el campo de la comunicación humana.

Me estoy refiriendo, por ejemplo, a los falsos historiadores que tergiversan y logran difundir un pasado manipulado. O aquellos que hacen pasar por lógico lo que a todas luces va contra el más simple razonamiento. 

Francis Bacon, que nació el mismo año que Góngora, establece cuatro especies de ‘ídolos’ que enturbian el espíritu humano e impiden su avance:

  • Los ‘idola tribus’, que tienen su origen en la misma naturaleza del hombre y en la tribu o género humano.
  • Los ‘idola especus’ que tienen su fundamento en la naturaleza de cada individuo.
  • Los ‘idola fori’ que provienen de la reunión y de la sociedad de los hombres.
  • Los ‘idola teatri’, que no son innatos en nosotros, ni furtivamente introducidos en el espíritu, sino que son las fábulas de los sistemas y los malos métodos de demostración los que nos los imponen.

Más adelante, va focalizando y escribe:

Los más peligrosos de todos los ídolos, son los del foro, que llegan al espíritu por su alianza con el lenguaje. Los hombres creen que su razón manda en las palabras; pero las palabras ejercen a menudo a su vez una influencia poderosa sobre la inteligencia, lo que hace la filosofía y las ciencias sofisticadas y ociosas. El sentido de las palabras es determinado según el alcance de la inteligencia vulgar, y el lenguaje corta la naturaleza por las líneas que dicha inteligencia aprecia con mayor facilidad. Cuando un espíritu más perspicaz o una observación más atenta quieran transportar esas líneas para armonizar mejor con la realidad, dificúltalo el lenguaje; [...]


Leído esto,  el comentario de Cortázar es, en mi opinión, de lo más oportuno; hoy, casi cincuenta años después de la publicación de su novela, nuestro mundo ha sido invadido por los ídolos. Las palabras se pulsan como botones mágicos que desencadenan una reacción automática. La verosilimilitud de las frases se sustituye por la difusión y la repetición, que es lo que las sanciona como evidentes.

No hay método en la comunicación entre humanos, no hemos encontrado todavía el método para transmitir que es urgente armonizar mejor con la realidad e identificar, denunciar y abolir las petrificaciones simplificantes. 

 

 

 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Brasil con unas gotas de Guatemala, Perú y Chile

 

Un día se me despertó el deseo de leer algo de literatura brasileña, de la que conocía muy poco. La espoleta saltó durante una conversación con un refinado lector quien, sabiendo mi admiración por Laurence Sterne, me recomendó las Memorias póstumas de Blas Cubas, de Machado de Assis,  curiosa novela que empieza con el “óbito del autor” y le permite la rarísima peculiaridad de conjugar el verbo ‘morir’ en la primera persona del singular del pretérito indefinido. Hablando luego del libro con una amiga, me comentó su relación con una alumna brasileña y, por indicación suya, leí Macunaíma, de Mário de Andrade (un disfrute, me encantó), La hora de la estrella de Clarice Lispector, autora nacida en Ucrania, pero criada en Río, que tiene una escritura extraña (tanto que he tenido que hojear el libro para recordarlo y concluyo que merece una segunda lectura); un toque de Jorge Amado: Cacao y ¡cómo no! Gabriela, clavo y canela y, finalmente, a Guimaraes Rosa, que me hipnotizó al meterme en el, para mí, ignorado y monumental sertao, que creo que es el alma de Brasil.

Haciendo un inciso aquí, diré que mis lecturas se complementan con las extraordinarias herramientas que ofrece Internet, porque cuando digo que me metí en el sertao, quiero decir que pude verlo, y pasearlo, con el Google Earth.

Después decidí abrir dos libros de otras geografías próximas que había evitado en su momento, hace muchos años, porque los sabía llenos de violencia: El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, que tenía mitificado y no me pareció superior a Los hombres de maíz (en mi opinión, un relato magistral) y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, una novela asombrosamente sólida para un joven de veintiséis años. De aquella violencia temida solo quedaba una sombra insignificante, debido al correr del tiempo en mi persona y al desarrollo del gusto ‘gore’ en el cine y la literatura que había subido mucho el nivel de resistencia a la exposición de la crueldad.

Y rematando aquel cortísimo recorrido por la extraordinariamente fecunda América del Sur, acabé con Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, un libro gordo y enjundioso; eso que llaman ‘novela coral o polifónica’ (ambas denominaciones, no sé por qué me resultan antipáticas, aunque se ajusten a lo que se pretende definir). Prefiero hablar de mosaico: pequeñas piezas, que individualmente significan algo fragmentado pero en su conjunto construyen una imagen, la del protagonista (me parece que Arturo Belano es un ‘alter ego’, o no tan ‘alter’ del autor). Al final, no sabes si ha quedado definido o se ha escapado, es inaprensible (por otra parte, como cualquier individuo). Cuando acabo de escribir esto me viene a la memoria la imagen de la adivinanza con la que se cierra el relato y me parece haberla resuelto:

 

¿Qué hay detrás de la ventana?


¡La libertad! (Han arrancado la reja para escaparse).

 

miércoles, 18 de agosto de 2010

RESCATANDO DEL OLVIDO A ANTONIO ESPINA

 

 

Abro uno de los archivos que por una u otra razón guardo para lecturas posteriores, tras alguna búsqueda en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (uno de los mejores proyectos culturales de este país), y veo: Prosa escogida / Antonio Espina. En la Wikipedia (otro de los mejores logros culturales de la red) busco a este hombre: Antonio Espina, nacido en Madrid en 1894, periodista, republicano, depurado, exiliado...

La historia que me sorprende agradabilísimamente es Luis Candelas, el bandido de Madrid: una delicia de ironía, imaginación, gusto y sabiduría literaria. Me produce gran congoja el hecho de que este nombre no me sonara en absoluto; quizá lo haya leído en alguna antología, en algún apunte, pero quedó perdido. He mirado en los catálogos para comprar y regalar, pero no va a ser fácil porque las publicaciones parecen estar agotadas. En fin, compro lo disponible: Pájaro Pinto y Luna de copas, una de las reliquias de editorial Cátedra.

Luis Candelas: he disfrutado con él —más que con sus dos novelas cortas— a ese nivel primario de introducirte en la vida de otro; pero también, y mucho, con la escritura que incorpora recursos que, aun hoy, resultan novedosos. Teniendo en cuenta que Antonio Espina acaba de escribirlo en agosto de 1929, tengo que pensar que aquella espita creativa que se abrió en la década de los veinte quedó taponada: vencida y desarmada, como tantas otras energías.

Aparte de la capacidad para crear neologismos, tiene una ironía depurada, puesta al día. Cuando Luis está a punto de descubrir a su “ángel de amor” en una fiesta donde pasea su aburrimiento, el deslumbramiento se expresa así:

 

La voluta de humo del cigarro expande caprichosas formas en el aire. Cabelleras de medusas, cendales diáfanos de las Mil y Una. Súbitamente, del surtir de elásticas elipses en pausado, ceremonioso ascenso, emerge la mandrágora. De ella fluye con inicial impulso, ritmos azules, la curva femenina: una pierna, el talle, un brazo que ondulante se pierde y alarga hasta el plafón, cabellos de mies.

El tul se hace espeso, enmarañado.

¡El tul se hace espeso, enmarañado, caótico!

¡¡El tul, alrededor de Luis Candelas, se hace espeso, enmarañado, caótico, irresistible!!

Mas, por último, se abre. Enmarca un óvalo de claridad, de pureza, que poco a poco va abriéndose lenta, gradualmente —lo mismo que (pensamos nosotros) el foco de luz de que ha de brotar la estrella norteamericana en el écran moderno—, hasta que en el centro de él aparece una mujer: Clara María.

 

¿No hay aquí mucha miga? Recursos poéticos, pictóricos, cinematográficos; una amalgama de sensaciones bien casadas, con un resultado brillante.

Además, nunca se me hubiera ocurrido antes la idea de que el auténtico lord Byron español era Luis Candelas. Tendré que volver sobre el libro porque está lleno de sugerencias, de “elementos nutricios en el ambiente”, por citar una de sus frases simples y afortunadas que me encantaría retener en la memoria, como ese “volteo teologal de campanas”.

Esta manera de enfocar al personaje, dentro del movimiento romántico que se introducía en la sociedad madrileña, conlleva opiniones que trascienden la anécdota del ladrón y conducen a otras consideraciones de mayor calado social y literario. Creo que es el libro que mejor me ha descrito el romanticismo “castizo”.

La edición que al fin he encontrado es del año 96, sexta de una primera del año 41, con lo que supongo que el comentador lo es de esta. Es un ejemplo de citador que comenta lo innecesario y enmudece cuando vendría bien una aclaración.

Un recordatorio: si no se encuentra el libro, se puede acudir a la nunca suficientemente alabada Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, con este enlace que lleva directamente a la obra: 

http://ow.ly/qJBg50CoYx2